¿QUÉ ES EL RUIDO?
En las próximas clases nos adentraremos en el mundo de la restauración digital. Pero antes, una pregunta que parece simple y no lo es: ¿qué es el ruido? ¿Se trata de una propiedad física del sonido? ¿o de una construcción cultural e histórica?
Durante mucho tiempo, la respuesta pareció relativamente estable. En el marco de la tradición musical occidental, el problema del ruido se organizó en torno a la altura. Aquellos sonidos capaces de definir una frecuencia fundamental -es decir, sonidos con fuerza tonal, que definen altura y están asociados a un comportamiento espectral relativamente periódico- podían integrarse en sistemas musicales basados en la melodía y la armonía. En cambio, los sonidos sin altura definida, con espectros más complejos o inestables, quedaban por fuera de ese sistema. Desde este punto de vista, el ruido era aquello que no podía ser organizado musicalmente.
Sin embargo, esta distinción comienza a resquebrajarse a lo largo del siglo XX. Las vanguardias históricas, y más adelante la música concreta y la electroacústica, no solo incorporan estos materiales “no musicales”, sino que los colocan en el centro de la escena. El ruido deja de ser un residuo para convertirse en material.
Entonces, el problema se desplaza: ya no alcanza con preguntar qué es el ruido o cómo es, sino cuáles son los criterios que lo definen en cada caso. En este contexto, una definición más contemporánea empieza a tomar forma: el ruido no es necesariamente un tipo de sonido, sino una función. Es aquello que interfiere, que irrumpe, que no se desea en una situación determinada.
Esto implica una consecuencia importante: un mismo sonido puede ser ruido o no serlo, según el contexto.
El tintinear de monedas al lado mio puede irrumpir como interferencia si estoy queriendo disfrutar un concierto de Vivaldi. Y, al mismo tiempo, ese mismo sonido puede convertirse en material compositivo, como ocurre en Money de Pink Floyd. Del mismo modo, una voz perfectamente afinada puede funcionar como ruido si aparece fuera de lugar.
El problema, entonces, ya no está únicamente en el objeto sonoro -cuyas características materiales son, en efecto, analizables- sino en la relación entre sonido, contexto y escucha. ¿Quién decide qué es ruido? ¿El técnico, el músico, el oyente? ¿En función de qué criterios?